El tiempo vuela. Ya han pasado exactamente 15 años desde aquel 11 de marzo de 2011, el día en que desperté y decidí cambiar para rehacer mi vida. Mi punto de partida: un chico tímido, un estudiante con malas notas que sacó apenas 9 puntos en total en las tres asignaturas del examen de admisión a la universidad.
Mis amigos de ahora me ven como alguien divertido, extrovertido, hablador y un poco bromista. Pero la verdad es que, hasta los 18 años, era un chico totalmente asocial (como un hikikomori en Japón): sin amigos, sin sueños y con malas notas. Por las noches, casi nunca cenaba con mi familia; prefería quedarme encerrado y decaído en mi habitación. Mis años de instituto (preparatoria) fueron un verdadero callejón sin salida. Entre problemas familiares, la falta de ilusiones o talentos, y sin saber hacia dónde me llevaría el futuro, estaba convencido de que mi vida sería un completo fracaso.
11 de marzo de 2011, el día que cambió mi vida
El 11 de marzo de 2011 fue el día en que empecé a vivir de verdad, en lugar de limitarme a existir. Puede que algunos reconozcáis la fecha: el 11/3/2011 fue cuando Japón sufrió el doble desastre del terremoto y el tsunami. Me enteré del suceso por las noticias y fue entonces cuando empecé a prestar atención a Japón, ya que antes era un país completamente desconocido para mí. Durante aproximadamente un mes, no hubo día en que la televisión o la prensa no hablaran de esta tragedia. Poco a poco, sentí en lo más profundo de mi ser el deseo de levantarme y empezar de cero, al igual que Japón se estaba levantando tras el desastre.
A partir de esos días, empecé a cultivar aficiones, sueños y metas. Dejé atrás la timidez y el negativismo. Sentí que tener una pasión, pensar constantemente en mi sueño y buscar la forma de hacerlo realidad era una sensación emocionante y maravillosa. A mis 18 años, sentía que había vuelto a nacer después de tantos años de oscuridad.
Pero no fue fácil, porque solo 3 meses después llegaban los exámenes de acceso a la universidad...
Como partía de ser un mal estudiante, por mucho que hubiera cambiado o me hubiera esforzado, tres meses no eran tiempo suficiente para lograr un milagro. Por eso, en los exámenes de acceso a la universidad apenas sumé 9 puntos entre las tres asignaturas. En aquella época, me daba muchísima vergüenza cada vez que me preguntaban por mi nota. Me sentía bastante humillado, sobre todo porque todos mis amigos sacaban buenas calificaciones. Si a eso le sumamos los problemas familiares de entonces, sentía que había tocado el fondo de la sociedad.
Fue precisamente en esos momentos, cuando no sabía nada, no tenía nada y no conocía a nadie, que el sueño ardiente de cambiar mi vida se convirtió en un motor y una determinación inmensos. Me di cuenta de que no había vuelta atrás porque no tenía nada que perder a mis espaldas. Como mi punto de partida era tan bajo, no me quedaba otra que esforzarme muchísimo y aprender en todo momento y lugar. Aún recuerdo esa sensación de emoción y nerviosismo cada vez que conseguía quedar a tomar un café con algún profesional destacado o alguien con más experiencia, porque sabía que tendría la oportunidad de aprender de quienes ya habían recorrido ese camino.
Las dificultades se acumulaban unas sobre otras
Debido a mis problemas económicos, solo podía soñar con estudiar en Japón, mientras me esforzaba sin descanso estudiando y trabajando cada día. Ver a los oficinistas en traje yendo a trabajar a los rascacielos me fascinaba; soñaba con poder ser como ellos algún día. Por mi amor a Japón, busqué una escuela de idiomas para aprender japonés, pero la matrícula del nivel de principiante suponía más del 50% de todos mis ahorros. Lo dudé muchísimo, pero al final decidí inscribirme. En cuanto a estudiar en Japón, no era más que una ilusión, ya que no tenía los medios económicos para pagarlo por mi cuenta.
A los 19 años, mis padres se divorciaron. Me sentí completamente solo y desamparado en medio de la inmensa y bulliciosa Saigón (Ciudad Ho Chi Minh). Estaba destrozado anímicamente y sin un peso en el bolsillo, así que incluso pensé en dejarlo todo y volver a mi pueblo. Aquel día llamé a mi madre para decirle que iba a abandonar y regresar a casa, pero las tres primeras veces no logré comunicarme con ella. A la tercera va la vencida, dicen, así que aparté esa idea descabellada de mi cabeza y decidí aguantar y luchar todo lo que pudiera.
Y por fin llegaron la suerte y las oportunidades
Afortunadamente, cuando cumplí 20 años conocí a un jefe japonés. Tras expresarle mi deseo de convertirme en programador, me contrató. Me orientó y me guio desde los conceptos más básicos: desde cómo escribir en el teclado con los 10 dedos hasta la forma correcta de limpiar un ordenador.
A los 22 años, vi que ofrecían una beca completa para ir a estudiar, pero el examen era en Hanói. Como toda mi vida solo me había movido entre mi pueblo natal y Saigón, Hanói me parecía un lugar lejano y completamente desconocido. Al tener que ir solo, estuve a punto de echarme atrás. Sin embargo, luego pensé: "Si no me atrevo a viajar dentro de mi propio país, ¿cómo voy a irme al extranjero?". Así que hice las maletas y me fui solo a Hanói a hacer el examen de la beca, y tuve la inmensa suerte de aprobar.
La sensación de esforzarse a diario pensando en que algún día ese sueño se hará realidad es, de hecho, mucho más maravillosa que el momento en el que el sueño ya se ha cumplido.
Foto de graduación en Japón en 2018
15 años desde aquel día
Volviendo al presente, en este 2026, me siento afortunado de haber despertado a tiempo para cambiar mi vida hace exactamente 15 años. Para lograr llevar una vida normal y estable, y poder estar a la altura de mis amigos, he tenido que atravesar etapas realmente difíciles. Por eso, a día de hoy, sigo queriendo mantener la misma motivación de entonces para seguir creciendo y mejorando sin descanso.
Para mí, los días vividos a partir de aquel 11 de marzo de 2011 son los únicos que realmente han tenido sentido. Habría sido terrible si ese día no hubiera decidido cambiar para reconstruir mi vida. Sigo viviendo en Japón, ya que este país fue el destino que me impulsó a cambiar hace ya 15 años.
- Tokio, 11 de marzo de 2026, exactamente 15 años desde el día en que desperté -
Hola a todos. Soy un ingeniero de TI que trabaja en Japón. Creé este blog para compartir sobre la vida y experiencias durante mi trayectoria de estudio y trabajo. Espero que este artículo te sea de ayuda.
Comentarios
Sin comentarios
Deja un comentario y recibe notificaciones de respuestas